Thomas despertó sobresaltado y tuvo que salir a por comida en mitad de la noche, cegado por el hambre. Por suerte encontró un puesto de comida 24 horas donde pudo saciarse bajo una luna llena reconfortante. A la mañana siguiente le comunicaron la horrible muerte de su hija en su puesto de trabajo nocturno. Con un grito de rabia, sacó la daga de plata que tenía reservada para ese momento y la clavó en su pecho.