«REXLER GUNRAY»

La colmena bullía de actividad. Multitud de larvas competían por la comida del día. Sabín que no había para todos así que luchaban entre ellas para acceder ni siquiera a un mordisco. El joven Rexler miraba divertido la escena. Él había pasado por eso. Era la selección natural en el planeta Neimoidia. Sobrevivían sólo los más fuertes para hacerse con la comida. Recordaba cómo sobrevivió mediante la inteligencia. Esperaba paciente mientras el resto se peleaba a muerte por la comida. Cuando ya no quedaban muchos y estaban cansados entonces intervenía él para dar el golpe de gracia a las últimas larvas y quedarse con la comida. No en vano era hijo de Nute Gunray, el líder separatista de las Guerras Clon.

De repente se escuchó un estruendo en la entrada de la colmena y los soldados de asalto entraron en tropel por la abertura disparando sus rifles bláster en todas direcciones. Se produjo el caos y Rexler se tiró al suelo instintivamente. Tenía miedo. Los soldados imperiales destruían todo a su paso. Al llegar a su posición le ordenaron levantarse y, una vez de pie, sintió un impacto de bláster y cayó en la oscuridad…

Despertó sobresaltado. Si no fuera porque los neimoidianos no sudan habría quedado empapado durante su corto sueño. Las pesadillas eran frecuentes para Rexler, no tuvo una infancia ni mucho menos fácil. Formó parte de los miles de rehenes capturados por el Imperio al ocupar su planeta y destinado a servir en el ejército del Emperador. Al menos la suerte le sonrío cuando consiguió licenciarse en la Academia de pilotos con el máximo grado. Era su forma de sobrevivir, usando la cabeza.

Se levantó y se aseó un poco. Colocó sus anteojos de protección sobre sus delicados ojos color naranja y se dirigió a la sala general. Caminó con paso cauteloso, como siempre. Mantenía la distancia con los humanos todo lo que podía. Los odiaba. Odiaba su insulsa existencia, siempre derrochando recursos, aniquilando vida allí por donde pasaban. Una raza de seres mentalmente inferiores que dominaba la galaxia. Pero Rexler estaba convencido que eso cambiaría en el futuro. Paciencia.

Al entrar en la sala esquivó a un grupo de humanos que increpaban a otro. Los miró con odio y rehuyó el inminente enfrentamiento. “Ojalá se maten entre ellos”, pensó.

La sala estaba llena de pilotos en formación. Ocupó su lugar y escuchó la retahíla del capitán sin mucho interés. Siempre estaba pensando la manera de escapar a su destino. Sabía que luchando como piloto imperial la muerte sería lo más probable. Pero ese pensamiento no lo amilanaba, tenía que ser el mejor en la batalla para poder sobrevivir, siempre dejando a los demás luchar primero, era su lema. A su mente vino la imagen de su amigo y hermano Joncar. Él logró escapar del asedio y ahora militaba en el ejército rebelde. “Espero que haya tenido suerte como yo”. La charla finalizó y rompieron filas. Rexler dirigió sus pasos hacia su caza TIE-Defensor. Ahora sólo temía una cosa: No encontrarse con su hermano en la batalla. La supervivencia sería la prioridad…

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