«MAAREK STEL JR.»

El esbelto muchacho se dirigió pensativo pero con paso firme hacia la sala de pilotos. Continuamente le asaltaban dudas sobre su situación en la guerra. Su cabeza le decía que debía cumplir con su deber contraído con el Imperio, su corazón sabía que las normas del Emperador eran injustas y dictatoriales. No hacía mucho supo que su padre también albergaba esas mismas dudas. ¿Su estirpe estaba destinada a rebelarse? o ¿cumplir el deber era lo primero? Quizá la clave radicaba en cuál era su deber real.

–Vaya, vaya, pero si tenemos aquí al hijito del héroe– le increpó un compañero de sección a la entrada de la sala. Le acompañaban tres chicos más que reían la ocurrencia del primero. –¿Qué desea el señorito hoy?–añadió con sorna.

Maarek encajó la crítica sin decir nada. Siguió su camino haciendo oídos sordos al comentario.

Otro chico del grupo, un ganath,  lo paró poniendo su mano alienígena en su pecho. –Espera un momento Stele, no seas maleducado. Te han hecho una pregunta– dijo con clara hostilidad.

Maarek estudió mentalmente sus opciones y la única que lo mantendría en el Escuadrón Cimitarra era la de hacerse el tonto y evitar peleas. Pero no siempre era posible.

– Dejadme en paz, os lo ruego ­–contestó.

– ¿Nos lo ruegas? – todos rieron a carcajadas. La estrategia de Maarek funcionaba, habían bajado los “escudos”, era momento de atacar.

– Os lo ruego porque no quiero que el escuadrón se quede sin pilotos de vuestro calibre. Sería horrible hablar con mi padre para que os envíen al Borde Exterior a patrullar campos de asteroides en busca enemigos inexistentes –.dijo serio– por favor dejadlo ya, vuestras madres no merecen eso– concluyó casi con lágrimas en los ojos en una interpretación magistral.

     Los abusones se miraron boquiabiertos sin saber que decir. Balbucearon palabras sin sentido y uno a uno se excusó con algo para poder marcharse, como si nada hubiera ocurrido. El esbelto muchacho siguió su camino sonriendo.

La sala de pilotos estaba a rebosar de gente en perfecta formación. En un extremo, sobre un pedestal, el capitán del escuadrón, Tomax Bren, iniciaba su discurso.

– Pilotos Cimitarra, el deber es vuestro –inició su arenga de la manera habitual. –Nuestro escuadrón tiene una nueva misión: defender la Nebulosa de Aturi de cualquier ataque rebelde. Los informes indican que los insurgentes pretenden atacar Aturi para robar el gas Tibanna que debemos proteger. Es de vital importancia destruir cualquier amenaza con contundencia y sin piedad. – hizo una pausa para beber agua – El éxito de la misión y la supervivencia personal dependen de que cada miembro del escuadrón haga lo que se espera de él  y en el momento que se espera. El no hacerlo, por negligencia, mala sincronización o el ejercicio de la iniciativa personal es inexcusable. Todos preparados para la salida. ¡En marcha!

Rápidamente se rompieron las filas y cada uno se dirigió a donde ya sabía sin titubeos y ordenadamente. Maarek fue hacia el hangar donde descansaba su TIE-Defensor, un caza último modelo destinado a los oficiales de alta graduación o a los pilotos de gran pericia. O a los enchufados….

Nunca le pidió nada a su padre. Era un héroe del Imperio pero en casa fue el peor de los padres. Nunca estaba. Aparecía de vez en cuando para repartir regalos vacíos de sentimiento y volvía a irse al día siguiente. Al menos Maarek Jr. heredó el swoop de su padre, el speeder más rápido de todo Kuan, su planeta natal, y quizá de todo el Sistema. Le gustaba la velocidad. A corta edad ya empezó a querer ir rápido, siendo todo un experto con el patinete deslizador. A los 10 años ganó su primera carrera con el speeder de su padre. Él no lo sabía pero tenía lo que se llama “sensibilidad a la Fuerza”, como su padre. Y eso significaba que estaba destinado grandes hazañas como piloto. Estar conectado con la Fuerza suponía tener más reflejos y mejorar habilidades, aunque requería entrenamiento, cosa que Maarek Jr todavía no tenía. Todo a su tiempo.

El Escuadrón Cimitarra inició su salida ordenada del hangar del Retribution, uno de los mejores destructores estelares Clase Imperial de toda la Galaxia.

Maarek salió disparado del hangar. Su cometido era la escolta de bombarderos y pensaba hacerlo a la perfección.

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